Pergamino, 21 de julio del 2024

Se reencontró con los enfermeros que le salvaron la vida hace veinticinco años

Ezequiel Pujol les dedicó unas líneas muy emotivas a los agentes sanitarios Lidia Sarmiento y Marcelo Ferreira que lo entablillaron en una mesa y lo sujeto con un cinturón para ascenderlo a una camioneta que lo trasladó al Hospital San José.

Sábado 21 de octubre de 2023
Por redacción Real 365

Hace 25 años a Ezequiel Pujol le salvaron la vida dos enfermeros que vivían cerca de la esquina donde sufrió un grave siniestro vial a bordo de una motocicleta.
En avenida Intendente Ernesto Illia y Sabino chocó montado a una motocicleta y como demoraba la ambulancia: dos enfermeros improvisaron una camilla para subirlo a una camioneta.
Una vez sujetado sobre la mesa detuvieron el paso de una camioneta, lo ascendieron a la parte trasera y lo trasladaron al Hospital San José.
Ezequiel les escribió una carta a Lidia Sarmiento y Marcelo Ferreira, los héroes que lo entablillaron sobre una mesa y lo aseguraron con un cinturón para mantenerlo inmovilizado.
A Lidia Sarmiento Y Marcelo Ferreira.
Más allá de las batas blancas
Es difícil expresar con palabras la mezcla de gratitud y emoción que siento al escribirles hoy.
A 25 años de aquel miércoles 19 de octubre que marcó un giro en mi destino, no puedo dejar de expresar la gratitud que siento hacia ambos.
En el vaivén de la vida, entre Illa y sabino, ustedes fueron la luz que emergió en mi oscuridad.
Aún resuena en mis recuerdos el rugir del DR 350, una moto que llevaba consigo el destino y un encuentro inesperado. Fue en ese crítico momento, entre la fragilidad y la incertidumbre, que ustedes se convirtieron en mis héroes anónimos.
Su valentía va más allá de las batas blancas; fue un acto de amor y sacrificio que cambió el curso de mi destino.
En esa mesa de emergencias, donde la vida pendía de un hilo, ustedes se convirtieron en mi ancla de esperanza.
El viaje hacia la salvación se tejía con cada eslabón de su dedicación y valentía. Una mesa improvisada y el cinturón que, lejos de ser simples objetos cotidianos, se transformaron en instrumentos de esperanza. Las herramientas que tuvieron que improvisar hablan de la creatividad y la firmeza con la que enfrentaron la adversidad. Cada esfuerzo, cada recurso empleado, resonará eternamente en mi reconocimiento.
La camioneta negra, guiada por un conductor que se convirtió en mi salvación, un conductor cuyo rostro permanece aún desconocido pero cuya solidaridad se convirtió en un eslabón vital en mi historia.
Las decisiones rápidas, los recursos improvisados y la destreza con la que enfrentaron aquel desafío fue la determinación exacta que dirigió mi regreso a la vida. Fue más que una travesía física; fue un acto de amor por la vida de un desconocido.
Hoy, al mirar hacia atrás, me embarga la gratitud al recordar cómo, contra viento y marea, me llevaron casi en el umbral de la muerte hacia la seguridad y la curación. Ustedes no solo cuidaron de mi cuerpo herido, sino que también sanaron mi alma con su compasión y dedicación.
Son héroes que eligieron arriesgarse y sacrificar para darme una segunda oportunidad en la vida.
Que esta carta sirva como un humilde tributo a la travesía que emprendieron en mi nombre y como un recordatorio eterno de la diferencia que han hecho en mi existencia.
A lo largo de estos 25 años, he llevado conmigo el regalo de la vida que ustedes me brindaron. Mi existencia es el testimonio tangible de su noble labor. Aunque el destino inicialmente nos cruzó en circunstancias adversas, hoy celebro nuestro encuentro como un vínculo que trasciende el tiempo.
Y hoy al mirarlos a los ojos, veo más que héroes de la medicina. Veo seres humanos extraordinarios que eligieron hacer la diferencia cuando la vida estaba en juego.

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